sábado, 7 de enero de 2017

Para el chico que mató una parte de mí.

Me dijo que se quedaría conmigo.
Conmigo, la chica cuyas manos se deshacen en ansiedad cuatro veces por minuto, 
la chica que no sabe diferenciar entre pasión y dolor,
la chica con un corazón permanentemente abierto, que necesita más
de lo que jamás podrá dar.

Dos años
de lo que creí que significaba eternidad 
aplastados
bajo el peso de otra chica en su cama. 

Me digo que no quiero recordarlo, que no necesito
recordarlo, pero cuando todo lo que me rodea
ha sido tocado por su recuerdo, no puedo evitar intentar
armar el rompecabezas de nuevo.

En realidad ya no duermo por las noches, ¿lo ves?
Mis sueños se convierten en pesadillas, cubiertas
en la imagen de él y ella, con la felicidad atorada
entre sus dientes,
mientras mi corazón se pudre con melancolía.
Algunas veces
los pedazos se caen cuando trato de besar otras personas;
los guardo en mi bolsillo, rápido y en silencio,
esperando que no noten su nombre llenar
los espacios que crean - no entiendo como
no lo sienten en mi lengua tan claro como yo,
como no sienten la manera en que me imagino tocando su rostro,
no el de ellos, en la oscuridad de habitaciones extranjeras.

Pero esta no soy yo pidiendo compasión,
esta no es una solicitud de lástima en forma de poema, este es
mi cierre. Esta es la tan esperada aceptación de aquello que me dejó
caminando por los pasillos de mi trabajo llorando, aquello
que causó una erupción volcánica de amargura e inquietud en mi
pecho. Esta soy yo
aceptando el hecho de que cuando lo besé
por última vez, sentí el nombre de ella marchando en su garganta.

Espero que ella le escriba poesía. Espero que consuma toda
la oscuridad dentro de su cabeza que él nunca me dejo alcanzar.
Espero que ella le haga ver que vivir falsamente no es una
manera de vivir cuando hay personas afuera que
darían su mundo y su corazón para garantizar que él viva
con un gozo que ellos jamás sentirán.
Espero que él tome nota del error que cometió.
Yo lo hice.

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